martes, 19 de enero de 2010

LA EDUCACION PRIMARIA EN FRANCIA EN LA DÉCADA DE 1880. LA ORGANIZACIÓN DE UN SISTEMA NACIONAL COMO SERVICIO PÚBLICO, LAICO, OBLIGATORIO Y GRATUITO.

Antoine Prost.
De las leyes Fundamentales a la guerra

En el contexto de Francia en la década de 1880, existieron partidos que defendían de una u otra manera su ideología respecto a la instrucción.
Los primeros son los republicanos, que si bien no fundaron la escuela, contribuyeron a la institucionalización escolar siendo partícipes de la evolución social, ellos concibieron una verdadera política escolar que tuvo éxito porque respondía a una exigencia popular y al mismo tiempo constituía su realización.
En esa época, la instrucción es un ideal colectivo, se creía en ella, en el progreso mediante las luces, no dudaban ni de la razón ni de la naturaleza, como las familias estaban volcadas hacia la escuela veían en ella un remedio para los problemas sociales. No se dudaba de que lo escrito en los libros fuera verdadero y útil. En menos palabras, la instrucción era pues la promesa de una vida mejor.
Esta convicción es en la cual se apoyaron los republicanos haciendo las leyes escolares “Leyes fundamentales”.
Las leyes fundamentales (1879-1889)
Los republicanos no son unánimes ni en cuanto a los objetivos ni en cuanto al método. Por un lado Paul Bert y la cámara deseaban una Ley General, y por otro lado Jules Ferry se inclina y logra que triunfe un método más empírico, supo asumir todas las dificultades de un combate inevitable sin jamás perder de vista los principios liberales que lo justificaban
Se legislaron distintas leyes que en la enseñanza superior suprimieron los jurados mixtos y se prohibieron a los establecimientos libres tomar el título de universidad. En la enseñanza secundaria se reformaron los programas y se fundaron escuelas abiertas para muchachas. En la Enseñanza primaria se fundan las escuelas normales. Es decir se llevó a cabo una revisión de la organización pedagógica y se transformaron los programas.
Lo esencial de la obra republicana es constituir la enseñanza primaria en servicio público, en ello radica el sentido de la gratuidad total, también el de la obligatoriedad de los padres de enviar a sus hijos a la escuela, y sobre todo en la laicidad de los programas, motivo por el cual el dictamen de la ley y la reforma escolar tuvo más conflictos.

El debate ideológico
El centro del debate no es el desarrollo de la instrucción sino su constitución en servicio público.
Los republicanos se apoyan en tres ideas principales, en primer lugar la igualdad entre los niños, a favor de la gratuidad total; sin embargo el tema de la gratuidad fue discutido pues se pensaba que habría menos interés de los padres porque sus hijos asistieran a la escuela si no pagaban, ya que al pagar vigilaban más la asistencia. Los republicanos estaban a favor de que la instrucción debía ser un derecho de los niños al que debía responder el Estado. Es decir, que fundamentaban tres principios, el de la obligación, la gratuidad, y la laicidad.
A diferencia de los republicanos, los conservadores rechazaban la gratuidad, diferían en que consideraban a la educación como una obra de caridad, de asistencia y no un derecho para los niños, argumentando que es un deber moral de cada padre de familia y no una obligación jurídica.
Lo que domina el debate es la laicidad, el hecho de respetar la libertad de conciencia de los infantes, no siendo necesario suprimir la enseñanza del catecismo sino volverla optativa.
Ferry invoca la libertad de conciencia del maestro, que no será respetada si debe repetir algo en lo que no cree. Con esto se ve marcada la afirmación del principio de secularización de la instrucción pública; no siendo necesariamente hostil a la iglesia en una especie de “cada uno en lo suyo”.
En efecto los católicos rechazan la laicidad ya que no se les permitiría continuar educando en la misma línea a la juventud, ya que no sólo eran una religión sino más bien una doctrina política y social que sometía a masas enteras. Además temían que la escuela no sólo se volviera neutra ante las creencias, sino incluso hostil a sus principios políticos y sociales.
El desacuerdo entre católicos y republicanos tenía que ver con una filosofía, lo que hacía imposible una conciliación.
Los católicos niegan que se pueda concebir una moral independiente de la religión. Con esto surge uno de los problemas, ya que los republicanos sostenían la realidad de una moral autónoma, Ferry se forma una concepción positivista de la moral, es decir que la moral se vuelve un asunto de cultura que da la EDUCACIÓN y de legislaciones efectuadas correctamente.
Ferry buscaba sobre todo fundar sobre bases positivas la unidad del espíritu nacional y que se distinguiese del terreno público donde la ley es soberana, y del terreno privado de las conciencias en el cual la ley no tiene que conocer.
Otros protestantes pretendían que se distinguiera la filosofía de la religión e instrucciones eclesiásticas, por consiguiente puede haber una religión sin iglesia. Pero la distinción entre religión y clericalismo no tranquiliza a los católicos, luchar contra el clericalismo es luchar contra la manera de vivir su religión.

Jules Ferry y la apuesta radical
Como legislador positivista Ferry considera decisiva la cuestión de las instituciones. Una vez adquirida la secularización, la religión se deteriorará por sí sola. Entonces propone poner el gobierno de los estudios en manos de los hombres de estudio, hacer de la universidad un cuerpo vivo, organizado y libre. Organizar una escuela lo suficientemente tolerante como para que todos puedan aceptarla. Quiere dividir lo menos posible a la nación realizando lo indispensable
Sin embargo, los radicales tienen más prisa: la religión para ellos es un obstáculo al propio progreso que desea Ferry. Sus ideas son que si se quiere avanzar hay que destruirla y no conformarse con dejarla morir, no dejar que el clero se siga sintiendo el amo de la sociedad. El primer acto fue precipitar el retiro de símbolos religiosos de las escuelas, sin esperar el voto de las leyes.
Ahora bien, Ferry está obligado a contar con esa izquierda ya que los republicanoss del centro no son seguros. Pero por un lado él proponía leyes moderadas que convencieran y satisficieran a todos bajo ciertas condiciones, por otro lado se proponían leyes inclinadas más hacia cierta fracción.
Fue así como los católicos que rechazaban la política a toda costa, retomaron en el Senado esta disposición como primer paso hacia un arreglo entre ambas fracciones. Este debate pone en evidencia un problema capital. Quizá la principal inquietud de quienes rechazaban la secularización es que no tenían experiencia en este tipo de instrucción, todo lo que ellos conocían se resumía a la instrucción donde intervenía el clero, y el hecho de cambiar el modus vivendi los ponía en una posición de expectativa, era una aventura.

Hacia una solución empírica.
La solución consistió en rechazar el debate en el terreno de las ideas, era hora de resolverlo en el terreno de los hechos. Por supuesto que hubieron controversias y quienes afirmaban que algunos textos cívicos atentaban contra la libertad de creencias, pero simplemente se buscaba que el niño tuviera una libertad de conciencia y de culto.
La laicidad sin embargo no se limita a los programas, así que se pide no colocar emblemas religiosos o en otros casos respetar el deseo de las poblaciones. Véase aquí el interés y la preocupación por fragmentar los menos posible a la nación, de encaminarlos hacia una unidad nacional.
Se reformó la organización e integración del personal educativo buscando la laicidad siempre. En 1889 con el pago a los maestros por el Estado, la secularización de la institución escolar había culminado.
El rigor de Ferry, la preocupación positivista de asegurar la unidad del espíritu público caracterizaron su política.
De la coalición al régimen de la separación.

Coalición y espíritu nuevo.
Con los cambios políticos e ideológicos de los distintos grupos, también fue visible la relativa debilidad de los católicos.
Es obvio que se requería un largo tiempo para que la escuela laica fuera parte de las costumbres. Poco a poco fue posible definir una forma de vida que se presentó de manera distinta según las regiones. Algunas adaptándose más rápido, otras en mayor tiempo y con menor disposición, dividiéndose o congregándose.
“… que la mujer pertenezca a la ciencia o que pertenezca a la Iglesia”
Fue en un discurso de Jules Ferry donde exalta la participación de la mujer en la reforma social y escolar que se venía dando, tomándole importancia merecida al papel desempeñado, y defendiendo su derecho a gozar de las leyes legisladas y aprobadas, incluyéndolas en el ámbito científico y no únicamente al del hogar.

Las concepciones y las prácticas pedagógicas.
La autonomía de la enseñanza primaria justifica la ambición de sus programas. Se propone enseñar “todo el saber práctico” del que un hombre tiene necesidad durante su vida, no se trata de aprender todo lo que es posible saber sino solamente lo que no está permitido ignorar, según Greard ha habido una sobreestimación del papel de la escuela.
Los dos objetivos de la enseñanza primaria, utilitaria y educativa, aunque en teoría son conciliables, en la práctica corren el riesgo de incomodarse mutuamente.
En los métodos, en fin, la continuidad es aún más asombrosa, en un principio se trata más bien de un proceder intuitivo; debe partir de objetos sensibles para los niños; en segundo lugar, se trata de un método activo que hace un llamado constante al esfuerzo del alumno que lo liga al maestro en la búsqueda de la verdad.

La práctica pedagógica.
Si bien la doctrina es clara, en efecto la práctica lo es menos, demasiado multiforme como para dejarse reducir a esquemas absolutos.
Los ejercicios que podrían contribuir fuertemente a la formación intelectual de los niños, no tienen valor e incluso son perjudiciales ya que hacen las “lecciones de cosas” un ejercicio de atención y de memoria más que de observación. Ahí es donde la práctica contradice a la doctrina.
Por lo demás, la propia doctrina no deja de tener contradicciones, Por un lado presenta al niño como un espíritu dotado de buen sentido y de inteligencia, pero por otro lado se duda de su capacidad argumentando que son tierras vírgenes . Sin embargo, varias causas favorecen ,la pedagogía de la desconfianza.
La nueva pedagogía da confianza al impulso vital, a la espontaneidad infantil y se preocupa por la felicidad de los alumnos, la pedagogía positivista se preocupa por elevar al niño mediante una pedagogía del esfuerzo, cuya única motivación es es el deseo de crecer hasta el nivel del positivismo adulto.
La pedagogía de la desconfianza es la que más tranquiliza a los maestros. De ahí y de lo pesado de los programas y de los manuales que sea imposible tener confianza en la inteligencia de los niños y no hay más que recurrir a mecanizaciones, es decir, a automatizaciones. Basando esto en que donde la inteligencia no ha madurado, no se puede contar más que con el hábito y la memoria. Al exigir demasiado y demasiado temprano, la enseñanza elemental se condenaba a transformar la educación en adiestramiento, y en consecuencia, la evolución pedagógica es muy limitada.

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